
Devocional 9/09/26
9 de septiembre de 2026
Devocional 11/09/26
13 de septiembre de 2026Dios en su gracia nos ha bendecido con toda bendición espiritual gracias a Cristo y su obra en la cruz. Y por Cristo hemos sido escogidos antes de la fundación del mundo para ser santos e irreprensibles. Y nos ha adoptado como sus hijos. Y todos nuestros pecados fueron perdonados, gracias al sacrificio de Cristo en la cruz.
Y hemos recibido una herencia incorruptible que nos espera en el cielo, entre tanto que el Espiritu Santo mora en nosotros y nos lleva al cielo.
Debido a las grandes bendiciones que hemos recibido se nos ordena a vivir de acuerdo al llamado que el Señor nos ha hecho.
Tenemos un enemigo que nos odia, porque odia a Dios y a Cristo; por eso Dios nos ha provisto de una armadura para protegernos.
Y para estar protegidos y firmes necesitamos cubrir nuestra vida de oración. Efesios nos habla de las bondades celestiales que Dios ha preparado para su pueblo, y nos empuja a termina de rodillas. Lo 18.1
También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar. El Señor sabe que vivimos en una batalla permanente y podemos desmayar, y darnos por vencido entonces nos habla de la importancia de orar siempre. Tenemos 2 alternativas: orar siempre o desmayar. No hay punto medio. En la batalla espiritual, la oración es vital. Efe 6.18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;
Dios ordena que estemos protegidos con toda su armadura; y orando en todo tiempo con la dirección del Espíritu.
Si pensamos que no nos falta nada, nos equivocamos. Todos somos vulnerables, podemos tropezar, podemos caer en pecado, y traer deshonra al Señor y vergüenza a su iglesia. Y dolor y sufrimiento para nosotros y nuestra familia. No olvidemos la advertencia. Jn 15.5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Separados de Cristo nada podemos hacer. El cristiano es como las ballenas, que habitan en las profundidades acuáticas.
Salen de manera regular a la superficie para respirar. Así es para nosotros la oración. Podemos vivir en la profundidad del entendimiento teológico, pero necesitamos subir para salir a tomar ese aire que sostiene nuestra vida. Todos necesitamos estar en la presencia del
Señor, todos los días de nuestras vidas.




